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Introducción:
Vamos a definir la violencia Intrafamiliar como aquella violencia que
tiene lugar dentro de la familia, ya sea que el agresor comparta o haya
compartido el mismo domicilio, y que comprende, entre otros, violación,
maltrato físico, psicológico y abuso sexual.
Entendemos que la violencia doméstica es un modelo de conductas
aprendidas, coercitivas que involucran abuso físico o la amenaza de
abuso físico. También puede incluir abuso psicológico repetido, ataque
sexual, aislamiento social progresivo, castigo, intimidación y/o
coerción económica.
Hay autores que señalan que la violencia Intrafamiliar se da básicamente
por tres factores; uno de ellos es la falta de control de impulsos, la
carencia afectiva y la incapacidad para resolver problemas
adecuadamente; y además en algunas personas podrían aparecer variables
de abuso de alcohol y drogas.

El niño y la niña golpeados
Todos sabemos que siempre es triste y doloroso arrastrar la vida cuando
no se recibió amor, sobre todo de los padres durante la niñez. Todo el
que ha estudiado siquiera un poco al ser humano, le va a decir que los
cinco primeros años de la vida dejan una marca imborrable para toda la
vida, para bien o para mal. Por eso, el privar a un niño de amor es como
privar de fertilizante a un árbol que empieza a crecer, pero el
golpearlo es como echarle veneno, lo va a terminar de matar
psicológicamente y emocionalmente, o mejor va a crecer herido de muerte.
Pero hay golpes y golpes, algunos golpes sacan sangre o dejan morados,
incluso un mal golpe puede producir la muerte, pero hay otros mas
sutiles que no se ven, pero que se graban a fuego lento no sólo en mente
sino en la identidad de ese niño o de esa niña. Se graban en su "yo", y
los frutos de estos golpes emocionales se van a ver después en sus
relaciones con personas significativas y en su relación con el mundo.
Me gustaría hablar un poco más detalladamente de esos golpes, que
solamente los ven o los oyen quienes los dan, aunque no piensen en las
consecuencias futuras y terribles que van a traer en sus hijos.
Está claro, que cuando se repiten los golpes físicos, pero sobre todo
los psicológicos o emocionales, se va agotando el amor. Nosotros los
adultos sabemos como duele el silencio, tal vez más que las palabras
ofensivas. Ese silencio es el peor de los castigos, ahora imagínese a un
niño que no ha hecho nada y no se le habla, y no se le abraza y
acaricia, cómo se va conformando su identidad...pensemos en eso.
¿Han pensado en el daño que hacen a sus hijos, posiblemente muchas veces
sin darse cuenta, cuando en lugar de relacionarse con sus hijos pequeños
están preocupados del trabajo, con la limpieza, etc., en forma obsesiva
y perfeccionista la casa? Son golpes lentos que van formando
defectuosamente la escultura de su hijo.
Silencio y ausencia, cuando se reprocha al hijo los pequeños errores
pero cierras tu corazón y tu boca cuando hace algo bien. Por, ejemplo,
cuando el niño empezó el kinder e hizo un dibujo, que pudo ser cuatro
rayas cruzadas, pero que para él era una obra de arte, en lugar de
abrazarlo o alabarlo, guardaste silencio. Con ello se produce en el hijo
que aprenda a ver sólo los errores, pero no lo bueno que hay en sus
personas.
Todos estos golpes emocionales y psicológicos, hacen tanto daño en la
niñez porque el niño o la niña no sabe defenderse; su mente apenas
empieza a desarrollar lentamente ciertos mecanismos de defensa para
poder filtrar y analizar lo que ve y oye. Su mente es como una esponja:
recibe todo. No tiene capacidad para decir esto es verdad o no es
verdad, lo que dicen es justo o injusto. Por eso los mensajes-golpes son
como olas gigantescas que llegan sin control a lo más profundo de ese
ser indefenso. Pero que distinta es la niñez y el futuro de sus hijos
cuando ellos palpan el amor entre su padre y su madre, cuando ellos
desde pequeños ven que su madre recibe con un beso, un abrazo al padre
que llega del trabajo, o cuando el padre viene con un ramo de flores
para su esposa o le da un beso a su esposa. Son detalles que se van
grabando en el alma de los niños, que van modelando su personalidad, que
van llenando de amor ese tanque-corazón. Créame, esa será la mejor
herencia que podrá dejar a sus hijos.
Las causas de la codependencia
En todas las familias existe cierta disfuncionalidad en mayor o menor
grado. A menudo las personas codependientes han sido objeto de algún
tipo de abuso físico o verbal, o sufrieron el abandono de uno de sus
padres o de ambos, ya sea físico o emocional.
El codependiente busca alivio en alguna adicción para "anestesiarse"
ante su dolor. A veces lo hace a través de relaciones personales
disfuncionales y muchas veces dañinas; o mediante adicciones al dinero,
el sexo, la ira, las drogas, la bebida, etc. El codependiente está atado
a lo que le sucedió en su familia de origen y se siente internamente
torturado por ello, aunque la mayoría de las veces no se da cuenta de lo
que le está sucediendo.
Cada uno de nosotros tenemos una necesidad innata de recibir amor. A
esta necesidad la podemos llamar "el tanque del amor". Al nacer el niño,
ese tanque está vacío. Si los padres son personas emocionalmente sanas
cuyos tanques de amor están llenos, pueden llenar el tanque de sus hijos
y estos crecerán y se desarrollarán psicológicamente sanos. Sin embargo,
si uno de los padres o ambos no tenían lleno su propio tanque, lo más
probable es que el niño no reciba suficiente amor porque su padre o su
madre no lo tuvieron para darlo. Esta falta de amor deja cicatrices en
el alma de los niños que llevan a ciertos comportamientos disfuncionales
en la adultez, como la codependencia. El codependiente no puede dar lo
que no recibió, por lo tanto, la codependencia se convierte en un
círculo vicioso que continúa de generación en generación si no se busca
ayuda psicológica.
Los niños de familias disfuncionales crecieron sin haber escuchado
mensajes importantes de sus padres tales como ; "eres muy inteligente",
"estás haciendo un buen trabajo" o "gracias mi amor, agradezco mucho tu
ayuda." Debido a ello al crecer se sienten abandonados, tienen baja
autoestima y buscan la aprobación de otras personas para sentirse mejor
consigo mismos. A veces su hambre de amor y aprobación son tan grandes
al llegar a la adolescencia o la adultez, que están dispuestos a
soportar cualquier cosa, con tal de recibir aunque solo sean "migajas"
de cariño y atención.
Dinámica de la VIF:
Al principio de la mayoría de las relaciones es muy difícil que aparezca
la violencia. Durante este período se muestra un comportamiento
positivo. Cada miembro de la pareja muestra su mejor faceta. La
posibilidad de que la pareja termine es muy alta si ocurriera algún
episodio de violencia.
FASE 1. ACUMULACIÓN DE TENSIÓN
La dinámica de la violencia Intrafamiliar existe como un ciclo, que pasa
por tres fases.
· A medida que la relación continúa, se incrementa la demanda así como
el stress.
· Hay un incremento del comportamiento agresivo, más habitualmente hacia
objetos que hacia la pareja. Por ejemplo, dar portazos, arrojar objetos,
romper cosas.
· El comportamiento violento es reforzado por el alivio de la tensión
luego de la violencia.
· La violencia se mueve desde las cosas hacia la pareja y puede haber un
aumento del abuso verbal y del abuso físico.
· La pareja intenta modificar su comportamiento a fin de evitar la
violencia. Por ejemplo: mantener la casa cada vez más limpia, a los
chicos más silenciosos, etc.
· El abuso físico y verbal continúa.
· La mujer comienza a sentirse responsable por el abuso.
· El violento se pone obsesivamente celoso y trata de controlar todo lo
que puede: el tiempo y comportamiento de la mujer (cómo se viste, adónde
va, con quién está, etc.)
· El violento trata de aislar a la víctima de su familia y amistades.
Puede decirle, por ejemplo, que si se aman no necesitan a nadie más, o
que los de afuera son de palo, o que le llenan la cabeza, o que están
locos etc.
Esta fase difiere según los casos. La duración puede ser de semanas,
días, meses o años. Se va acortando con el transcurrir del tiempo.
FASE 2. EPISODIO AGUDO DE VIOLENCIA
· Aparece la necesidad de descargar las tensiones acumuladas
· El abusador hace una elección acerca de su violencia. Decide tiempo y
lugar para el episodio, hace una elección consciente sobre qué parte del
cuerpo golpear y cómo lo va a hacer.
· Como resultado del episodio la tensión y el stress desaparecen en el
abusador. Si hay intervención policial él se muestra calmo y relajado,
en tanto que la mujer aparece confundida e histérica debido a la
violencia padecida.
FASE 3. ETAPA DE CALMA, ARREPENTIMIENTO O LUNA DE MIEL
· Se caracteriza por un período de calma, no violento y de muestras de
amor y cariño.
· En esta fase, puede suceder que el golpeador tome a su cargo una parte
de la responsabilidad por el episodio agudo, dándole a la pareja la
esperanza de algún cambio en la situación a futuro. Actúan como si nada
hubiera sucedido, prometen buscar ayuda, prometen no volver a hacerlo,
etc.
· Si no hay intervención y la relación continúa, hay una gran
posibilidad de que la violencia haga una escalada y su severidad
aumente.
· A menos que el golpeador reciba ayuda para aprender métodos apropiados
para manejar su stress, esta etapa sólo durará un tiempo y se volverá a
comenzar el ciclo, que se retroalimenta a sí mismo.
Luego de un tiempo se vuelva a la primera fase y todo comienza otra vez.
El hombre agresor no se cura por sí solo, debe tener un tratamiento. Si
la esposa permanece junto a él, el ciclo va a comenzar una y otra vez,
cada vez con más violencia.
Personalidad del maltratador:
Los agresores suelen venir de hogares violentos, suelen padecer
trastornos psicológicos y muchos de ellos utilizan el alcohol y las
drogas lo que produce que se potencie su agresividad. Tienen un perfil
determinado de inmadurez, dependencia afectiva, inseguridad,
emocionalmente inestables, impaciente e impulsivos.
Los agresores trasladan habitualmente la agresión que han acumulado en
otros ámbitos hacia sus mujeres.
Maltratador, frecuentemente es una persona aislada, no tiene amigos
cercanos, celoso (celotipia), baja autoestima que le ocasiona
frustración y debido a eso se genera en actitudes de violencia.
Una investigación de los psicólogos norteamericanos, el Dr. John Gottman
y Dr. Neil Jacobson. Señalan que los hombres maltratadores caen en dos
categorías: pitbull y cobra, con sus propias características personales:
Pit bull:
Solamente es violento con las personas que ama
Celoso y tiene miedo al abandono
Priva a pareja de su independencia
Pronto ora, vigilar y atacar públicamente a su propia pareja
Su cuerpo reacciona violentamente durante una discusión
Tiene potencial para la rehabilitación
No ha sido acusado de ningún crimen
Posiblemente tuvo un padre abusivo.
Cobra:
Agresivo con todo el mundo
Propenso a amenazar con cuchillos o revólveres
Se calma internamente, según se vuelve agresivo
Difícil de tratar en terapia psicológica
Uno depende emocionalmente de otra persona, pero insiste que su pareja
haga lo que él quiere.
Posiblemente haya sido acusado de algún crimen
Abusa de alcohol y drogas.
El pitbull espía a su mujer, es celópata, cae bien a todas las personas,
excepto a sus novias o esposas. El cobra es un sociópata, frío,
calculador, puede ser cálido. El maltrato no cesa por sí solo.
Después de que la mujer ha sido físicamente maltratada y tiene miedo, a
veces cesa este tipo de abuso y lo reemplaza con un constante maltrato
psicológico, a través del cual le deja saber a su víctima, que el abuso
físico podría continuar en cualquier momento.
En ocasiones la violencia del maltratador oculta el miedo o la
inseguridad, que sintió de niño ante un padre abusivo que lo golpeaba
con frecuencia, al llegar a ser un adulto prefiere adoptar la
personalidad del padre abusador a sentirse débil y asustado. En otros
casos, los comportamientos ofensivos son la consecuencia de una niñez
demasiado permisiva durante la cual los padres complacieron al niño en
todo. Esto lleva al niño a creerse superior al llegar a ser un adulto y
a pensar que él está por encima de la ley. O sea, que puede hacer lo que
quiera y abusar de quien quiera. Piensa que se merece un trato especial,
mejor que el que se les da a los demás.
La violencia doméstica no siempre resulta fácil de definir o reconocer.
En términos generales podríamos designarla como el uso deliberado de la
fuerza para controlar o manipular a la pareja o al ambiente más cercano.
Se trata del abuso psicológico, sexual o físico habitual. Sucede entre
personas relacionadas afectivamente, como son marido y mujer o adultos
contra los menores que viven en un mismo hogar.
La violencia doméstica no es solamente el abuso físico, los golpes, o
las heridas. Son aún más terribles la violencia psicológica y la sexual
por el trauma que causan, que la violencia física, que todo el mundo
puede ver. Hay violencia cuando se ataca la integridad emocional o
espiritual de una persona.
La violencia psicológica se detecta con mayor dificultad. Quien ha
sufrido violencia física tiene huellas visibles y puede lograr ayuda más
fácilmente. Sin embargo, a la víctima que lleva cicatrices de tipo
psicológicas le resulta más difícil comprobarlo. También lo dificulta,
por ejemplo, la habilidad manipuladora de su esposo que presenta a su
esposa como exagerada en sus quejas o simplemente como loca..
A la violencia física precede, a veces, años de violencia psicológica.
La violencia psicológica es, despreciar a la mujer, insultarla de tal
manera, que llega un momento en que esa mujer maltratada
psicológicamente, ya cree que esos golpes se los merece. Y qué difícil
es convencer a una mujer de que vaya a pedir auxilio cuando cree que no
lo necesita.
Hay mujeres que se avergüenzan por lo que les sucede y que hasta se
creen merecedoras de los abusos. Por eso prefieren mantenerlos en
secreto y así esa situación puede prolongarse durante años. Los que
maltratan a sus víctimas lo hacen de acuerdo a un patrón de abuso
psicológico.
Igual que en el caso del alcohólico, el que golpea a una mujer o la
maltrata psicológica o sexualmente, lo primero que hará es negarlo.
Negación es decir: "No, es que yo le pego con razón". No hay ninguna
razón para golpear a una mujer, ni a nadie. Pero lo niegan. Dicen: "Yo
no la he golpeado, yo no le hecho nada, sólo tocarla".
Otra forma de abuso psicológico es el aislamiento, en que le hacen el
vacío a la mujer, ni le hablan, ni la miran y entonces ella se va
creyendo que se merece ese trato.
La intimidación es también un abuso. "Si dices algo te mato." Muchas
mujeres no se atreven a hablar, por las amenazas que sus maridos o sus
compañeros lanzan contra ellas.
Tanto el adicto a cualquier droga como el abusador, siempre tienen
excusas y le echan la culpa a alguien.
También dentro de ese hábito de abuso psicológico está el abuso
económico. "Si dices algo no te voy a dar la mensualidad".
Dentro de ese abuso psicológico de los maridos que golpean (lo que se
llama en psicología la triangulación), hay otro tipo de abuso: utilizar
a los hijos para hacerles sentir culpables a las esposas. En este caso
los hijos sirven de mensajeros: "dile a tu madre que..."
Las amenazas a través de los hijos, las amenazas de que le van a quitar
al hijo, todos estos son abusos psicológicos que preceden al abuso
físico.
Todos estos abusos impiden que la mujer deje el hogar, ese hogar
violento. Es que esa violencia psicológica a que están sometidas muchas
mujeres, es más horrorosa que el abuso físico. Pregúntele a cualquier
mujer a la cual han maltratado físicamente qué es lo que le duele más;
si las palabras hirientes, los desprecios o los golpes. Los golpes se
pasan, los abusos psicológicos, los insultos, los desprecios se clavan
en el corazón.
Manifestaciones de violencia psicológica:
a) Abuso verbal: Rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar
juegos mentales e ironías para confundir, etc.
b) Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos. Arrojar objetos o
destrozar la propiedad.
c) Amenazas: De herir, matar, suicidarse, llevarse a los niños.
d) Abuso económico: Control abusivo de finanzas, recompensas o castigos
monetarios, impedirle trabajar aunque sea necesario para el sostén de la
familia, etc.
e) Abuso sexual: Imposición del uso de anticonceptivos, presiones para
abortar, menosprecio sexual, imposición de relaciones sexuales contra la
propia voluntad o contrarias a la naturaleza.
f) Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante vigilancia
de sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones, impedimento
de cultivar amistades, etc.
g) Desprecio: Tratar al otro como inferior, tomar las decisiones
importantes sin consultar al otro.

¿Por qué se mantiene la mujer en esta relación?
La persona abusada se vuelve co-dependiente de su marido (el agresor),
aún después de ser golpeada. Es frecuente escuchar esta frase: "Es que
yo lo quiero tanto". Personas que llevan años soportando golpes dicen:
"Yo no me separo porque lo quiero". Es imposible querer a una persona
que te está tratando como si fueras un animal, eso es depender de esa
persona.
Otro motivo por el cual algunas mujeres no se separan de este problema
de codependencia, es que las anima la familia y lamentablemente la
Iglesia, a permanecer con el abusador. Sobre todo la familia les
aconseja que mantengan esa relación por "el bien de tus hijos". "¿Cómo
vas a dejar a tus hijos sin padre?", les dicen.
¿Qué es mejor, tener un padre que golpea a su madre y que luego golpeará
a sus hijos, o no tener padre? Se les hace mucho más daño a los hijos
cuando ven que su padre golpea a su madre. Para los niños pequeños la
madre es la base de toda su vida, la base de su afectividad, la base de
su seguridad. Si una madre es golpeada, sus hijos se derrumban
afectivamente. Es mucho mejor separase. Yo no estoy a favor del
divorcio, pero la separación es, a veces, menos dañina.
A veces las mujeres no se separan y sufren en silencio por miedo a
perder su seguridad económica y la de sus hijos. Esto sucede sobre todo
en la mujer que no tiene educación.
Otras veces no se separan debido a las amenazas de más violencia o de
muerte, si intentan separarse. "Si le dices algo a la policía te mato".
Cuando se pregunta a algunas mujeres por qué aguantaron maltrato durante
años, la respuesta más común es ésta: "Por mis hijos; no quería que se
criaran sin un padre". Parece una respuesta válida, pero si la
analizamos profundamente descubrimos su inconsistencia. Sucede que en
una situación de violencia los hijos también sufren. El crecimiento en
una atmósfera de miedo, tensión y terror influirá negativamente en su
desarrollo emocional y más tarde se manifestará en el abandono escolar,
en el uso de drogas, en desórdenes psicológicos y en violencia y
delincuencia.
En muchos casos influye el factor económico. Soportan cuanta vejación
venga con tal de no perder la seguridad económica para sí y sus hijos.
Se trata generalmente de mujeres con poca preparación académica,
conscientes de que sin el marido no podrían vivir cómodamente.
Lo peor es que la mujer repetidamente abusada se destruye
psicológicamente. Su yo, su identidad individual. Eso la incapacita para
tomar las decisiones correctas. Cae en la ambivalencia efectiva ("¡Qué
bueno es él cuando no me golpea!"); su autoestima queda por los suelos
hasta creer ella misma que merece tales insultos y golpes.
Cuando una persona cae a ese nivel, su capacidad de decisión queda
prácticamente anulada, porque el principio vital está herido de muerte.
Si a una persona así aplastada se le amenaza con un "Si me denuncias, te
mato", se sentirá paralizada. Quizás en un último intento de
supervivencia reaccione, pero usando las mismas armas que a ella la han
destruido.
El amor no debe doler. El amor implica confianza, protección, respeto a
los gustos del otro, comunicación, caricias, ayudas al crecimiento
emocional y espiritual. Consiste en compartir la vida con alegría,
dialogar sobre las diferencias y preferencias, y respetar la integridad
física, moral y espiritual de la persona amada.
Las mujeres que aguantan una relación abusiva indefinidamente acaban
perdiendo su salud física y menta, se enferman, toda la familia termina
enferma. Las mujeres en situaciones abusivas pierden su autoestima. No
saben protegerse, ni se dan cuenta del peligro que corren.

El porqué de la violencia doméstica
Primero hay una raíz cultural histórica. Durante mucho tiempo nuestra
sociedad ha sido muy machista, el hombre ha creído que tiene el derecho
primario a controlar, a disciplinar con severidad, incluso a abusar de
la vida de la mujer y de los hijos. Eso ha sucedido bajo la apariencia
del rol económico del hombre, proveedor de la alimentación.
No crea que en EE.UU.. no se golpea a la mujer. El padre americano, en
tiempos de la colonia, tenía derecho hasta de matar al hijo cuando no le
obedecía.
Otra causa es la cultura actual. La gente se tira de los pelos. ¿Por qué
pasa esto? El modelo presente de nuestra sociedad está reforzando el uso
de la fuerza para resolver los problemas. Por eso el abusador usa la
fuerza física, para mantener el poder y el control sobre la mujer,
porque ha aprendido que la violencia es efectiva para obtener ese fin de
control y como ellos no han sufrido las consecuencias, las mujeres se
han callado.
La violencia doméstica ocurre en todos los niveles de la sociedad, no
solamente en las familias pobres. En las familias ricas sucede lo mismo.
Lo que pasa es que una mujer a quien le dieron una paliza, si tiene
dinero, se va tranquilamente a una clínica privada y aquí no ha pasado
nada. Las que son pobres tienen que ir al hospital y allí los médicos
dicen: "A esta mujer la han golpeado" y la policía se encarga de eso.
Entre blancos, negros, amarillos, católicos, judíos, protestantes y
evangélicos; entre todos, existe la violencia doméstica. Pero no por ser
protestantes o católicos, sino, por no ser como deben ser.
Otra causa de este problema son los medios de comunicación. En la
televisión la violencia es glorificada, los estereotipos que nos
presentan son de violencia sexual. Cuando un marido por la fuerza tiene
relaciones sexuales con su esposa, eso se llama violencia sexual, porque
la mujer también tiene derecho a decir que no. Si a una mujer, como yo
oigo todos los días, se le insulta, se le veja, se le dice barbaridades,
no se le habla y solamente se la utiliza para tener relaciones sexuales
con ella; ¿Cómo va a querer estar con su marido? Tiene el derecho a
decir que no, todo el derecho del mundo.
En muchos casos, también la violencia doméstica está íntimamente
relacionada con el alcohol y las drogas. ¿Qué sucede cuando una persona
consume drogas o se emborracha? En esta parte del cerebro tenemos los
centros vitales, comunes con los animales y allí está el centro de la
agresividad o del instinto agresivo. Todos los hombres y las mujeres lo
tenemos. Pero en la persona normal, esos centros se comunican con la
parte consciente del hombre, lo cual diferencia al hombre del animal.
Cuando uno toma alcohol o usa cualquier droga, estos centros quedan como
un barco sin timón. Y ¿Qué le pasa a un barco sin timón? Pues se
estrella contra las rocas. Sobre todo la agresividad, el instinto
sexual, quedan sin control. Entonces viene el golpear a la mujer y a los
hijos bajo el efecto del alcohol y el abusar de la mujer sexualmente. El
50 % de los casos (que se conocen) de abuso sexual entre los hijos, es
entre personas alcohólicas o adictas, porque surge el animal que hay
dentro de nosotros mismo, en España.
Los recuerdos, los valores, los consejos, cuando uno usa o abusa del
alcohol o drogas, no funcionan y viene la violencia doméstica.
A pesar de la llamada "liberación femenina" (que en realidad muchas
veces ha llevado a la mujer a mayor esclavitud), todavía hay hombres que
consideran a esposa e hijos como objetos de su propiedad. Por eso se
creen con el derecho a descargar sobre ellos su frustración o malhumor
maltratándolos a su antojo.
Como los hijos imitan a padres, se da con frecuencia que quienes en la
niñez fueron testigos de abusos físicos entre sus padres, repiten la
misma conducta cuando llegan al estado adulto. Aprendieron que los
problemas y conflictos se afrontan con la fuerza bruta.
Ese aprendizaje negativo se arraiga tanto que muchas veces pasa de
generación en generación. Si a esto se añade la "glorificación" de la
violencia en los medios de comunicación, podemos entender el por qué
muchos seres humanos recurren a la violencia, a veces con una frialdad
que asusta más que el mismo acto violento.
La experiencia enseña que muchos de los abusadores familiares parecen
"mosquitas muertas"; pasan por personas educadas y suaves, pero en el
fondo son individuos celosos con una pobre imagen de sí mismos y que
viven en un mundo irreal. Si a esas personas les da por tomarse unos
tragos de más, cosa frecuente, la explosión violenta será mucho mayor.
¿Qué pasa con las víctimas de la violencia familiar?
Muchas siguen sufriendo hasta quedar completamente destruidas física,
psicológica y moralmente. Otras acusan a sus agresores ante la policía,
que muchas veces no toma debidas cartas en el asunto. Y ocurre, además,
lo que no quisiéramos que ocurriera: La víctima también se vuelve
violenta.
Entendemos que las personas que sufren hambre endémica se subleven y
hasta se alcen en armas. ¿Por qué no entendemos que una mujer pisoteada,
escarnecida, degradada en lo más íntimo de su ser pueda explotar y
volverse violenta? Eso, aunque no se justifique, se explica
La Violencia Intrafamiliar o Violencia Doméstica >>>
(Segunda Parte
del Artículo)
Fuente: Por Paola Silva F. – Psicóloga- Santiago de Chile.
Celular 09 841 3484
Correo - e:
paolasilva@chile.com
http://www.psicologia-online.com/colaboradores/paola/violencia/index2.shtml
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